Pueblos de la ruta:
Vañes
Castillería
Polentinos
San Salvador de Cantamuda
Lebanza
Lores
Redondos
Camasobres
Piedrasluengas  

No deje de visitar

· En Vañes, disfrutar el paisaje e ir a ver el centenario Roblón de Estalaya.
· En San Salvador de Cantamuda,  su iglesia parroquial, la plaza con su rollo y el pequeño lugar de El Campo.
· En Lebanza, visita obligada a su próxima abadía.
· En Valle de Redondo, visitar las poblaciones de Los Llazos, Tremaya, San Juan y Santa María, preguntando por el paraje del Ribero Pintado.  
· Camino del Puerto y del mirador de Piedrasluengas, parar en Lores, Areños, Casavegas y Camasobres para terminar dando vista al imponente Valle de Liébana y los Picos de Europa.

Ruta La Pernía

En el corazón de la Montaña Palentina

GONZALO ALCALDE | 25/10/2013

El valle de La Pernía fue calificado como un verdadero edén por el poeta palentino Paco Vighi

El valle de La Pernía es uno de los parajes más bellos y acogedores de la Montaña Palentina. Su ubicación en la parte más septentrional de su cabecera montañosa le permite gozar de todos los modelos de paisaje que en esta parte de la cornisa cantábrica se pueden admirar y contemplar, razón por la que el poeta palentino Paco Vighi lo calificó como un verdadero edén.

Para aproximarnos al corazón de La Pernía, lo mejor es que nos lleguemos a la villa y cabecera de su término municipal, San Salvador de Cantamuda. Para ello, antes habremos dejado atrás la casi marinera estampa del pueblo de Vañes, pegado a la vera del embalse de La Requejada, así como el Valle de Castillería, Polentinos y a la antigua Venta Lucía.

Y hablando de ventas, antes de entrar en San Salvador también encontraremos la Venta Morena, la Venta Campa y La Taba, buenos lugares para poder acceder a un refrigerio matutino, y donde no nos faltará alojamiento y buena comida si lo necesitamos.

Para visitar el burgo antiguo de San Salvador, tendremos que atravesar su puente medieval sobre el río Pisuerga, donde dice la leyenda que la muda cantó. Y sin haber llegado a su puebla histórica, nos sorprenderá la grácil fábrica de su iglesia parroquial, uno de los edificios señeros del románico palentino montañés. Su airosa espadaña le identifica y le hace destacar sobre el paisaje del entorno.

Se dice que fue iglesia de un antiguo monasterio y que tuvo categoría de colegiata, fechándose su edificación a finales del siglo XII. El rey Alfonso VIII la puso bajo la protección de los obispos palentinos, para los cuales creó el Condado de Pernía, cuyo título ostentaron hasta épocas recientes. De esos tiempos y otros posteriores, todavía se conserva el rollo o «picota» jurisdiccional, en medio de la plaza del pueblo, así como dos soberbias casonas hidalgas blasonadas.

Lebanza y su abadía distan dos y tres kilómetros de San Salvador de Cantamuda. El Cueto de Polentinos y Peña Carazo las dejan sumidas en una cerrada valleja, donde la naturaleza derrocha galanura y en cuyos paisajes agrestes pone una nota de color y pintoresquismo el diminuto y recogido caserío del pueblo.

El actual edificio de la Abadía de Lebanza nada tiene que ver, según parece, con el originario del siglo X, que fue fundado por los condes Alfonso y Justa (año 932), los mismos que dotaron la joya mozárabe de Santa María de Lebeña, en el vecino valle cántabro de Liébana. Lo que hoy observamos allí es fábrica del siglo XVII en estilo neoclásico, y hasta tiempos recientes se utilizó como seminario menor, dependiente del Obispado de Palencia.

Collado de la Matora

Por encima del pueblo de Lebanza y atravesando el Portillo o Collado de la Matora, en una travesía solo recomendada para montañeros andarines, se puede dar vista y descender a uno de los rincones humanos más bellos del valle de La Pernía, la pequeña población de Lores.

Si desde Lebanza optásemos por volver a San Salvador de Cantamuda, muy cerca de él encontraremos el somontano pueblecito de El Campo, dominando la depresión que organiza el río Pisuerga a su paso por las campas de San Salvador.

Un kilómetro adelante, cerca de la Venta Urbaneja, y a los mismos pies de la Peña Tremaya, encontraremos la desviación para acceder al ya descrito pueblo de Lores o al valle cerrado de Redondo, artesa natural por la que discurre el río Pisuerga, que en él nace y de él hace su cuna.

Cerca del Molino de Sopeña, veremos el acceso al pequeño rincón de Los Llazos. Y más adelante, Tremaya, cuya puebla se asocia con la pirámide calcárea que le presta nombre, sobre la cual existió un castillo, desde el cual se conformó la vieja leyenda de la fundación de San Salvador de Cantamuda.

Adelante de Tremaya, avanzando por encima de la margen derecha del Pisuerga, los hoy dos Redondos: San Juan y Santa María de Redondo, aunque la misma leyenda habla de tres. Dos bellos reductos humanos, cuyo origen se remonta a los primeros tiempos de las repoblaciones: campos rotundos, cotos redondos y de los que muy posiblemente fue origen, el desaparecido Monasterio de Santa María de Biarce, del que únicamente quedan sus escuálidas ruinas a los pies de las enhiestas Peñas del Moro.  

Desde el último de los pueblos, Santa María, se puede penetrar dentro del Valle de Redondo, recomendando que la visita se realice andando para mejor disfrutar de uno de los entornos naturales de mayor valor ecológico de esta parte de la Montaña Palentina.

También podemos aprovechar la excursión para acercarnos a visitar la Cueva del Cobre o Fuente Cobre, el Sumidero del Sel de la Fuente y el circo glaciar fósil de Covarex, a los mismos pies de Valdecebollas.

Saldremos del Valle de Redondo por el mismo camino que entramos y seguiremos la ruta hasta el confín geográfico de la provincia. Por el camino atravesaremos los pueblos de Areños y Camasobres, habiendo dejado a un lado la desviación a Casavegas.

Cresteras calizas nos cerrarán el horizonte, y sin darnos cuenta, entraremos en el estrechamiento de las Hoces de Piedrasluengas, tajo abierto en uno de los cordeles calizos que desciende de la blanca pirámide de Peñabismo. A sus pies, está el bello rincón de Piedrasluengas, pueblo, puerto y mirador sobre el Valle de Liébana, en cuyo fondo -en días claros- se nos representará toda la grandeza del macizo de los Picos de Europa.

 
 
 
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