Pueblos de la ruta:
Terradillos de los Templarios.
San Nicolás de Real Camino.
Moratinos.
Villelga.
Villemar.
Villada.
Villacidaler.
Boadilla de Rioseco.

No deje de visitar

En Terradillos de los Templarios, la iglesia de San Pedro, y luego irse a buscar la gallina de los huevos de oro al Alto del Torbosillo.
En San Nicolás del Real Camino,  la iglesia, el barrio de bodegas y sus albergues. Parar también en San Martín de la Fuente, Villátima, Villelga y Villemar, para disfrutar del paisaje y de sus iglesias.
En Villada, parada y fonda, recorriendo el pueblo, sus dos iglesias, las ermitas, y degustando la gastronomía en sus restaurantes.
En Villacidaler, su iglesia.
En Boadilla del Rioseco, sus dos iglesias, el puente sobre el río Sequillo, y si hace bueno, pasear hasta la ermita.

Ruta del Sequillo

Por el arroyo de los templarios

GONZALO ALCALDE | 13/12/2013

El Sequillo nace en León y se hace palentino al entrar en San Nicolás del Real Camino

Si yo fuera peregrino -que a lo mejor lo soy por esta afición que tengo de ir de pueblo en pueblo- y viniese atravesando longitudinalmente la provincia de Palencia, casi a la mitad de este recorrido, cuando ya me dispusiese a salir de los contornos provinciales de Palencia, me toparía con un pequeño lugar tendido en la campiña terracampina que duerme el sueño de los siglos y de la historia.

Terradillos de los Templarios es su evocador nombre, aunque hasta hace escasos años era todavía más sugerente, ya que respondía al más lógico de Terradillos de los Caballeros Templarios. Ante tan reminiscente nombre, el imaginario del peregrino esperará encontrarse con un burgo medieval, dominado por un más vetusto castillo. Pero no será así, porque en Terradillos de los Templarios ya no queda nada de aquello, si es que alguna vez lo hubo.

De aquellos caballeros medievales, mitad monjes mitad soldados, cuya denominación oficial era la de miembros de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo (Orden del Temple), solo se conserva el nombre del arroyo o río que cerca de él discurre, y que es tributario de otra importante corriente terracampina, el río Sequillo, que vamos a visitar en esta última excursión por la provincia de Palencia por este año.

Nace el Sequillo en la provincia de León y se hace palentino al entrar en San Nicolás de Real Camino, el último pueblo que visita el camino jacobeo a su paso por Palencia. Recorrer el curso del río Sequillo supone darse un cómodo paseo por una de las zonas más fértiles de la Tierra de Campos palentina. Su plácido discurrir lo podremos iniciar entre las localidades de Moratinos y Terradillos, recomendando al viajero que fije bien su atención en el paisaje que le rodea. Y es que las viejas leyendas aseguran que en el término de Terradillos tenían los Templarios un afamado gallinero, entre cuyas ponedoras gallinejas figuraba la famosa 'gallina de los huevos de oro', que, al ser expoliada y disuelta la Orden a principios del siglo XIV, fue sacrificada y enterrada por el contorno con algunos de sus dorados huevos sin poner.

De todas formas, si no somos muy dados a estos cuentos, recomendaremos seguir trayecto, y a escasos tres kilómetros de Terradillos nos encontraremos con San Martín de la Fuente, antiguo despoblado medieval y hoy granjería, que todavía conserva en pie a duras penas su iglesia dedicada a San Martín de Tours, de clara advocación francesa y caminera. Unos kilómetros más y varios despoblados hoy también granjas agrícolas nos saldrán al encuentro. En sus nombres apreciaremos reminiscencias moriscas y mozárabes, pues nos hablarán del origen de los repobladores a los que el rey Alfonso III, allá por el siglo X, permitió asentarse en estos territorios: Villátima (la medieval Villa Fátima), Valenceja y Villemar (Villa Emma).

En la pequeña localidad de Villelga (Villa Elga), nos podemos incorporar cómodamente a cualquiera de las márgenes del arroyo Templarios, para desde aquí dar un cómodo paseo hasta su unión con el río Sequillo, el cual nos permitirá acceder a la importante villa terracampina de Villada.

Seis kilómetros de recto y llano curso fluvial nos esperan. Por el transitable camino de sus márgenes, chopos y álamos temblones, nos habrán extendido toda una alfombra de hojas otoñales. En el punto de unión de ambos ríos, un puente nos permitirá optar por cualquiera de las márgenes del Sequillo. En este lugar, se sabe que estuvo enclavado el despoblado medieval de Villamuza, que en el siglo XIV era señorío de doña Berenguela Cabeza de Vaca.

Villada, en cambio, resultó de la unión de los dos conjuntos urbanos que en el siglo XVI crecieron alrededor de su plaza cuadrada y porticada, lo que nos recuerda la importancia que tuvieron sus mercados francos. Su iglesia parroquial es hoy la de Santa María de la Asunción, que destaca por su imponente torre campanario mudéjar, pero la más antigua es la de San Fructuoso, a la que se atribuye un origen visigodo, aunque de aquella época ya no quede nada.

En la primera mitad del siglo XX, Villada fue nudo ferroviario de cierta importancia, pues en su estación confluía el ferrocarril del Norte con el del Secundario de Castilla. Asimismo, también fue cuna de una buena serie de palentinos ilustres, pues aquí nació el afamado y reconocido pintor historicista José María Casado del Alisal y su hermano Carlos, indiano en Argentina. También fue hijo de la villa Lorenzo Moratinos Sanz, vizconde de Villandrando; el Marqués de Casa Pombo; el periodista y escritor anarquista Eduardo de Guzmán, el también escritor de novelas policiacas Tomás Salvador Espeso; así como el reconocido empresario Facundo Blanco, fundador de las conocidas empresas de transformación y elaboración de frutos secos que llevan su nombre.

Continuaremos aguas abajo del Sequillo y a poco más de tres kilómetros estaremos en Villacidaler, famosa hoy por sus morcillas, y a tres más, en Boadilla de Rioseco, punto final de esta excursión, donde nos esperan las que fueran sus dos parroquias, excelentes edificios mudéjares, y la memoria del Real Monasterio de Santa María de Benavides, que fuera fundado en el siglo XII y desamortizado seis siglos después, por lo que ya solo queda de él un caserío que lleva su nombre.

 
 
 
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