Pueblos de la ruta:

 Carbonera, Villafruel, Villorquite del Páramo Villalafuente, Relea, Vega de Doña Olimpa
Villarmienzo, Villantodrigo, Portillejo, Quintanilla de Onsoña, Gozón, Bahillo (Loma de Ucieza).
No deje de visitar
- En la cabecera de la Loma saldañesa, parada obligatoria para visitar las pequeñas iglesias parroquiales de Carbonera, Villafruel, Villorquite del Páramo, Villalafuente y Relea.
- Usando como centro geográfico el municipio de Quintanilla de Onsoña, con su iglesia dedicada a San Andrés, aconsejamos al visitante acercarse hasta las pequeñas pedanías de Portillejo, Velillas del Duque, Villantodrigo, Villaproviano y Villarmienzo.
Lo mismo aconsejamos en Bahillo, cabecera del municipio de Loma de Ucieza, que acoge a las poblaciones de Gozón de Ucieza, Itero Seco y Villota del Duque.

Ruta de la Loma

Entre tierras alomadas e intermedias

GONZALO ALCALDE | 04/10/2013

El río Valdecuriada, que recorre de norte a sur la Loma saldañesa, llega hasta el Ucieza

El río Valdecuriadaes una corriente -más o menos continua- que recorre de norte a sur la conocida como Loma saldañesa. Sus aguas llegan hasta las del Ucieza, río en el que desagua, ya que de él es tributario. La Loma saldañesa es una pequeña comarca de tierras aLomadas e intermedias, que separan la Vega del Carrión de la del río Valdavia, y en la que muchas de sus poblaciones son actualmente pedanías del municipio de Saldaña.
,Su topónimo es tan antiguo como el origen mismo de las tierras que atraviesa. Aseguran los estudiosos del tema que muy posiblemente tenga su germen en los antiguos repartos jurídicos de tierras que en época romana se hacían, y no sería de extrañar, ya que por sus contornos han sido localizadas algunas villas y asentamientos agropecuarios de aquellos tiempos.

Desde su nacimiento, este río ya organiza un valle, pues para ello excava los páramos que se sitúan por encima del lugar de Carbonera. Hasta la mitad de su cuenca no se le identifica como río, sino más bien como arroyo, regando como tal las poblaciones de Villafruel, Villorquite del Páramo, Villalafuente y Relea.

Para hacernos una buena idea de esta poco conocida comarca de la Loma, un buen punto de partida será la pequeña población de Villarmienzo, donde alguien ha tenido la acertada idea de disponer a ambas márgenes de su cuenca dos buenos y bien acondicionados caminos, a través de los cuales podremos recorrer cómodamente los más de diez kilómetros que nos aproximarán a su desembocadura en el río Ucieza, a la altura de Gozón.

Un porte de río de verdad

Cuando el río Valdecuriada pasa por Villantodrigo y Quintanilla de Onsoña, ya tiene porte de río de verdad. Aguas abajo de su cansino discurrir, Gozón de Ucieza le repudia como tal, y toma el apellido del hermano mayor del Valdecuriada, pero todavía le verá pasar desde un alto. Y es ya un poco más abajo, casi a los pies de la blanquísima ermita de la Virgen de Sayugo, cuando por fin el río Valdecuriada se rendirá definitivamente a las aguas de su hermano mayor el Ucieza, para así juntos atravesar Bahillo, camino de la Tierra de Campos. Desde luego, un largo viaje para tan poco río.

Recorrer y visitar esta comarca de la Loma saldañesa, así como la  diáfana cuenca y valle del Valdecuriada, supone un recorrido total de ruta de casi treinta kilómetros. Pero si deseamos conocerlos con detenimiento deberemos antes armarnos de paciencia, pues las carreteras que unen sus núcleos de población más importantes no responden a trazados geográficos lógicos, sino más bien a antiguas y antojadizas rutas arrieras.  

Nosotros aquí recomendaríamos hacer un itinerario longitudinal de norte a sur de la Loma saldañesa, a través de los numerosos y bien colmatados caminos que a ambas márgenes del río discurren próximos a su cuenca.

A la vez, ese itinerario longitudinal nos facilitará aproximarnos a las villas y lugares que más arriba nombramos, donde podremos admirar excelentes conjuntos de arquitectura tradicional, a los que siempre acompaña una vetusta y oscura iglesia edificada en ladrillo macizo y codones (cantos rodados), que muy seguramente se adornará con un pórtico de acceso, que a su vez protegerá un más viejo y desgastado empedrado.

Dentro de estos antiguos templos, artísticos retablos nos sorprenderán con su sencillez o su magnificencia, según los casos. Casi todas las iglesias parroquiales de la zona se fechan en el siglo XVII, destacando entre ellas el bello y armónico conjunto templario de San Julián en Villafruel, el retablo de Villorquite, el de Relea de la Loma, Quintanilla de Onsoña o los de Villarmienzo, uno de los cuales se fecha en el siglo XVI, con pinturas y buena talla gótica de la Virgen del Cornón o el retablo mayor, que se asegura es obra escultórica relacionada con la escuela del imaginero Gregorio Fernández.

A ambas márgenes del curso natural del Valdecuriada, y superando las terrazas de vega sobre las cuales se instalan las tierras de cultivo, repueblan sus dilatadas Lomas amplias extensiones de pinos de repoblación, entre los que se entremezclan matas de robles y pequeñas extensiones de pastizal, que de vez en cuando abren acogedores claros en toda aquella frondosidad.

Recorrer los montes próximos de la Loma saldañesa es pasearse por un territorio donde en sus vistosos otoños podemos llegar a localizar más de doscientas especies de hongos afines a estos pinares, siendo algunos de ellos comestibles, como el 'Lactarius deliciosus', conocido localmente como nícalo o níscalo, que tiene una gran demanda comercial y es buscado por toda la zona con gran fruición.

Riqueza natural y forestal

Toda esta riqueza natural y forestal facilita la vida de un gran número de animales, que sin muchas dificultades en estos montes encuentran refugio. Corzos, ciervos y jabalíes no son raros de ver, así como una buena cantidad de aves totalmente adaptadas al medio: ratoneros, azores, paLomas torcaces, carboneros, garrapinos, herrerillos, capuchinos o  garzas, fáciles de ver en la cuenca del Valdecuriada. También los coloristas arrendajos esconden durante el otoño miles de bellotas de roble entre el matorral, lo que no deja de favorecer la restauración de los que fueron sus marojales o robledales autóctonos, aportando más riqueza natural a esta poco conocida comarca de la Loma saldañesa.

 
 
 
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